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9 mar 2012

¿Sabías qué ...? (6)


El ajedrez en la Edad Moderna

3) La escuela francesa y Philidor.

Por Diego Ramos Diez
Como vimos en la anterior entrega, el ajedrez había alcanzado un importante grado de estudio en España e Italia. Pero en el siglo XVIII, conocido cómo Siglo de las Luces o Siglo de la Ilustración, el ajedrez se va a ver favorecido en su difusión gracias a los nuevos planes de estudios, se va a considerar el juego culto por excelencia y todo intelectual debía conocerlo. Este hecho de todas maneras no debemos sobrevalorarlo, el ajedrez tan sólo va a ser jugado por una reducida élite.
Los franceses, la gran potencia de entonces, van a ser los mejores sobre el tablero durante este siglo, de entre todos sus jugadores va a destacar un curioso personaje llamado François-André Danican Philidor (1726 – 1795),conocido simplemente por su segundo apellido, Philidor.
Hijo de un famoso compositor, de niño entró a formar parte del coro del rey de Francia en Versalles y entre ensayo y ensayo aprendió a jugar viendo a su padre y otros amigos en el gran palacio construido por Luis XIV. Cuentan que nunca nadie le enseñó a jugar, y que un día, siendo todavía un niño, mientras observaba una complicada posición de una partida de su padre con otro amigo simplemente dijo “Jaque Mate en cuatro jugadas”. Su padre le reprendió por interrumpir la partida pero Philidor, enojado, mostró a su asombrado padre los cuatro movimientos que le otorgaban la victoria (algo muy parecido se cuenta de otro niño prodigio de nuestro deporte, Capablanca).
El joven Philidor fue creciendo hasta convertirse en un afamado compositor, pero en sus ratos libres y en sus viajes por Europa adquirió la fama de ser el mejor jugador de Europa, sobre todo después de su apasionante match en Londres donde derrotó a otro de los grandes jugadores de la época, el sirio Philipp Stamma en 1745.
Como comentamos en las dos entregas anteriores, el estilo de juego de los grandes jugadores era rápido y vivo, con grandes sacrificios y celadas espectaculares. Philidor, que escribió “Análisis del juego de ajedrez”, sentó una serie de principios que en su época no cuajaron pero que hoy en día se consideran fundamentales. Recalcó por primera vez que el verdadero ajedrez no era el de los cambios de piezas y las celadas espectaculares (algo en el que él mismo era un especialista) sino en la buena utilización de las estructuras de peones y la correcta activación de las piezas, principios que se resumen con su famosa frase “Los peones son el alma del ajedrez”. De todas formas, hasta un siglo después pocos jugadores van a jugar con este estilo (después llamado “posicional”) y van a preferir seguir los viejos principios agresivos de las escuelas española e italiana.
Con estos principios estudió la famosa apertura que lleva su nombre, la Defensa Philidor, que es más peligrosa de lo que puede parecer en un principio: 1.e4 d5 2.Cf3 d6


Pero no podíamos hablar de Philidor sin mencionar uno de los lugares míticos para todos los ajedrecistas: El Café de la Regence. 




Este local de París, aparte de un café convencional, era el punto de reunión de los mejores ajedrecistas de la ciudad, y si se estaba de viaje por París, era de obligada visita. Philidor, sobre decirlo, era el mejor de todos sus jugadores.

7 mar 2012

¿Sabías qué ...? (5)


El ajedrez en la Edad Moderna

2) La escuela italiana.

Por Diego Ramos Diez
Como vimos en el anterior capítulo, al principio de la Edad Moderna, debido a la gran afición por el ajedrez que tenían los españoles desde mucho tiempo atrás, fueron los mejores del mundo. Pero debido a la decadencia general de España en el siglo XVII (léase Alatriste) los italianos recuperarían por un siglo el orgullo de ser los mejores de todo el orbe. Hay que tener en cuenta que Italia era por aquel entonces un gran centro cultural, y ya sabemos que desde la Edad Media todo caballero que se precie debía conocer nuestro juego.
A continuación repasaremos las curiosas biografías de los mejores jugadores italianos de aquel tiempo, verdaderamente sorprendentes en la mayoría de los casos.
Leonardo da Cutri ya lo conocemos por ser el vencedor de Ruy López en el torneo de magistral de El Escorial, pero de él no sabíamos que, por ejemplo media apenas metro y medio, por ello era llamado jocosamente “Il putinno”, cosa que, cómo es normal, a él no le hacía ni maldita la gracia. Pero en ajedrez las apariencias engañan y desde pequeño destacó sobre los tableros. Después de la primera visita de Ruy López a Roma, en la que derrotó a los mejores jugadores de su época, Leonardo, que por aquel entonces ya tenía una gran fama, se retiró enfadado a Nápoles y durante dos años se concentró en estudiar ajedrez y, sobre todo, las partidas de Ruy López, para tomarse la revancha la próxima vez que se enfrentara con él (ya veremos que estos “piques” son muy habituales en la Historia). Después, se tomó su particular venganza en el torneo de maestros de El Escorial dónde podríamos decir que se proclamó campeón del mundo oficioso. Aún tendría tiempo para hacer lo mismo ante la corte portuguesa, dónde venció cómodamente a los mejores jugadores de aquel país. Cómo vemos, todo un profesional.
Sin embargo, hay una anécdota poco conocida de Leonardo. Cuentan que su hermano cayó preso de los temibles piratas berberiscos y estos pidieron un gran rescate por su vida (algo parecido a lo que le sucedió a nuestro Miguel de Cervantes). Leonardo hizo entonces algo sorprendente. Embarcó el solo para Túnez, dónde tenían preso a su hermano, se presentó en la prisión dónde lo tenían encerrado y retó a una partida de ajedrez al capitán de los piratas berberiscos. A todo esto debemos recordar que no sabía nada de lucha (había sido estudiante de Derecho) y… que medía metro y medio escaso. Cómo ya dijimos, los árabes tenían una gran afición por nuestro juego, así que el capitán, después de la fanfarronada correspondiente, aceptó el duelo con el trato habitual. Si ganaba Leonardo dejaría libre a su hermano y si perdía, caería preso él también. Cómo no podía ser de otra forma, Leonardo logró el rescate de hermano.
Paolo Boi fue otro de los grandes jugadores de la época, al igual que Leonardo, participó en el Torneo de Maestros de El Escorial. Apodado “el siracusiano”, debido a su lugar de nacimiento, la bella ciudad siciliana de Siracusa. Al contrario que Leonardo, era alto, apuesto y de carácter alegre. Viajó por medio mundo y fue profesor de ajedrez del Duque de Urbino y de su Corte, cobrando por ello cuantiosos honorarios. Cuentan que un día en Roma, rodeado de grandes teólogos, estaba inmerso en una discusión teológica sobre la demostración de la existencia de Dios. En medio de grandes argumentos teológicos de los participantes, que si San Agustín por aquí, que si Santo Tomás por allá,… Paolo dijo sencillamente “Ajedrez”. Todos le miraron con curiosidad intentando averiguar que quería decir exactamente a lo que Paolo respondió, encogiéndose de hombros: “Muy sencillo señorías, al ajedrez siempre se puede jugar, haga frío o calor, lo mismo que Dios siempre está ahí, sea en el desierto o en la Laponia. Cómo a Dios, al ajedrez no se le puede ni ver ni tocar, podemos tocar las piezas, pero eso no es tocar el ajedrez, cómo tampoco tocar un crucifijo es tocar a Nuestro Señor. Al igual que todas las gentes de la creación creen en Dios a su manera todas ellas juegan al ajedrez: árabes, cristianos, hindúes… Y al igual que Dios es inabarcable para los humanos, lo mismo pasa con el ajedrez, por mucho que uno lo estudie, siempre le quedarán cosas por aprender. Es imposible que algo tan perfecto sea creación de los humanos”.
Por desgracia para Paolo, la Inquisición no se tomó muy bien sus poco ortodoxas palabras y quisieron procesarlo, menos mal que gracias a la ayuda de su amigo don Juan de Austria (medio hermano de Felipe II y vencedor de Lepanto) no lo lograron.
Otras de las muestras de la contribución italiana al ajedrez en la famosa apertura que lleva su nombre, la apertura italiana: 1) e4 – e5 2) Cf3 – Cc6 3) Ac4 , que pasa por ser una de las más versátiles de nuestro deporte.
De hecho, sus principales variantes tienen nombre italiano: El ataque fegatello (el famoso asalto con caballo sobre el peón negro de f7), la variante giuco piano (“juego tranquilo”) 4) c3. O la tranquilísima, giuoco pianíssimo 4) d3.
Al igual que debemos a los árabes palabras cómo “jaque” o “jaque mate” y a los españoles “enroque”, los italianos también contribuyeron llamando “fianchetto” (“pequeño flanco”) al enroque extremadamente sólido que se consigue tras adelantar una casilla el peón central del enroque y colocando en hueco a un alfil.

5 mar 2012

¿Sabías que ...? (4)


El ajedrez en la Edad Moderna

Por Diego Ramos Diez

1) Ruy López de Segura y la escuela española

Pasados los rigores medievales, durante el periodo que transcurrió desde el Descubrimiento de América (1492) hasta la Revolución Francesa (1789), que se denomina Edad Moderna, se va a producir un renacimiento definitivo de las artes y las ciencias. Se fundan universidades, los libros se abaratan y se extienden gracias a la imprenta, nobles y reyes compiten por ver quien es el que tiene la biblioteca más grande, quien tiene contratado al pintor más famoso…
Cómo todo, el ajedrez va a experimentar en esta época un gran resurgimiento. España, ya definitivamente unificada bajo el reinado de los Reyes Católicos, va a tener la supremacía ajedrecística durante el siglo XVI. Aquí se van a publicar dos libros capitales para la evolución posterior de nuestro juego, que van a tener una gran difusión gracias a la imprenta:  “El llibre dels jochs partits dels escachs en nombre de 100” (“El libro de los juegos y partidas del ajedrez en número de 100”, de Francesch Vincet, Valencia, 1495) y  el famoso libro de Juan de Lucena, publicado en Salamanca en 1497, “Repetición de amores  e arte de Axedrez con 101 juegos de partido”, una obra que en la que se estudian todas las fases del juego y que tiene una gran riqueza de ideas.
Precisamente va a ser en España dónde va a surgir el primer ajedrecista que va a ser considerado en su época con el título “El mejor de todo el Orbe”: Ruy López de Segura. Nació en Zafra y murió en Madrid, aunque las fechas exactas no son del todo conocidas. Aficionado al ajedrez desde que era un niño, publicó un libro en Alcalá de Henares en 1561 (posiblemente con tan sólo ¡21 años!) titulado “Libro de la invención liberal  y arte del juego del ajedrez” dónde, entre otras cosas, recomendaba que el contrario se sentara con el sol de cara, para si molestarle durante la partida (es decir, inventó la guerra psicológica).
Ruy López eligió la carrera eclesiástica y visitó Roma para completar sus estudios. Fue allí, con tan sólo unos veinte años, dónde realizó su gran hazaña: Derrotó, incluso jugando simultáneas y ajedrez a la ciega (es decir, con los ojos cerrados) a todos los mejores ajedrecistas de la época. Su fama creció y pronto se le consideró el mejor del mundo. En 1573 volvería a repetir su hazaña.
Ruy López, va a ser también un gran teórico de las aperturas. Por ejemplo, aunque no la inventó,  sus estudios sobre la  apertura española (o también apertura Ruy López, en su honor) fueron tan valiosos que aún hoy es una de las armas preferidas de las blancas: 1) e4 – e5, 2) Cf3 – Cc6, 3) Ab5.
Felipe II de España, el rey en cuyo Imperio nunca se ponía el Sol, era también un gran aficionado al ajedrez e hizo llamar a Ruy López a su corte, en calidad de confesor real. Por idea de este, se va a celebrar en el impresionante monasterio-palacio de El Escorial el que ha venido siendo considerado el primer torneo internacional de maestros de la Historia, que va a enfrentar a los mejores jugadores españoles con los mejores italianos, por ver quien tenía la supremacía mundial en 1575.
El torneo, que contó por orden del rey, de grandes salas de juego, premios y todo lo que los jugadores pudieran necesitar se hacía cada día más emocionante. El equipo español iba capitaneado por el propio Ruy López y por el también famoso jugador granadino Alfonso Cerón. Los italianos presentaban también dos de los mejores jugadores de la época: Leonardo da Cutri y Paolo Boi. Varias de las partidas que jugaron se conservan 

8 feb 2012

¿Sabías que ...? (2)

El ajedrez y el mundo árabe

Por Diego Ramos Diez



Cómo ya dijimos, el ajedrez surgió probablemente en la India en una fecha que no se puede determinar, de allí pasó a Persia (eran vecinos) y cuando Persia fue conquistada por los árabes en el siglo VII, estos quedaron fascinados por nuestro juego ylo difundieron por todo su imperio, que abarcaba desde la India hasta lo que hoy es España, entrando de este modo a Europa. A excepción quizá de Rusia y los demás países de Europa del Este, ningún pueblo se ha sentido nunca tan fascinado por el ajedrez cómo los árabes, ahí van algunas de sus curiosidades: El ajedrez hindú se llamaba “chaturanga” (juego de los cuatro ejércitos), pero la propia palabra ajedrez proviene del árabe “shatranj”.
La palabra “jaque” proviene de la palabra persa “sha” (rey) y la expresión “jaque mate” significa “el rey ha muerto”.¿Sabías que la palabra alfil proviene del árabe? Esta significaba “elefante”, que era lo que simbolizaban los alfiles en la antigüedad.
¿Sabías que hace menos de un siglo, para poder clasificar a los jugadores más fuertes del mundo se inventaron los títulos de “Maestro de la F.I.D.E”, “Maestro Internacional” y “Gran Maestro”? Sí, ¿verdad?
Pero, ¿Sabías que los árabes, hicieron lo mismo hace más de mil años? Su clasificación iba del nivel 1 al nivel 5 e implicaba que si se enfrentaban, por ejemplo, un jugador del nivel 5 (el más alto, llamado “grandeza”) con otro del nivel 1 (el más bajo), el primero debía jugar sin dama, para así poder conceder algo de ventaja al aspirante y de paso hacer la partida más interesante.
¿Sabías que los primeros libros de ajedrez los escribieron los árabes? De hecho, hubo un autentico “boom editorial” ¡más cinco siglos antes de que se inventara la imprenta! Hacia el 840 Al-Adli, considerado el mejor jugador de Bagdad escribió el Libro del ajedrez, hoy perdido. Más adelante autores cómo al-Razi (Elegancia en el ajedrez, 847) o al-Suli (otro Libro del ajedrez, 946) serían los primeros de una larga lista de autores árabes que escribieron libros sobre nuestro deporte. Eran especialmente buenos en crear “mansubas”, es decir, problemas sobre finales. Hoy en día es común que los mejores jugadores del mundo tengan uno o varios entrenadores, pero ya los árabes hicieron cosas por el estilo. Por ejemplo, el gran jugador árabe Zairab (siglo IX) tenía un esclavo llamado Mainal sólo para que ¡le compusiese problemas con los que entrenarse!
Hace menos de un siglo, los rusos, otro pueblo muy amigo del ajedrez, incluyeron a este en los planes de estudio de sus alumnos, pero ya los árabes hicieron lo mismo más de un milenio antes. Sus jóvenes se educaban, además de matemáticas o lengua, en música, arte y ajedrez. Probablemente, ¡debía de ser una asignatura más divertida que el resto!
Para poder apuntar y estudiar sus partidas, los árabes inventaron el primer sistema de notación. Éste consistía en identificar a las columnas, no con letras sino con el nombre de la pieza que la ocupaba al principio de la partida (nuestra columna e, sería para ellos la columna de rey y la h, la de torre, por ejemplo). Este sistema resultó tan útil que aún se encuentran libros no muy antiguos (de unos 30 años) que lo utilizan.

7 feb 2012

¿Sabías que…? (1)

El origen mítico del ajedrez

Por Diego Ramos Diez

Aunque es discutido, la mayoría de los historiadores coinciden en que el ajedrez nació en la India en una fecha no conocida (3.000 a. C., siglo III a. C., siglo V d.C….). Aunque también hay quien mantiene que surgió en Egipto hace ¡5.000 años!

Existen muchas leyendas que se pierden en la bruma de la Historia sobre su origen. La más conocida cuenta que en el siglo V d.C., en la India, reinaba un joven monarca llamado Shirham que se aburría muchísimo y al que los aduladores corrompían, descuidando la tarea de gobernar a su pueblo.

Cierto día un brahmán llamado Sissa se presentó en el palacio con un misterioso tablero con 64 casillas blancas y negras y una caja con un gran número de extrañas piezas de estos colores. Los cortesanos y el monarca le miraron con curiosidad mientras iba colocando las piezas sobre el tablero, y entonces Shirham le preguntó a Sissa que era exactamente lo que había traído a su palacio. El brahmán le respondió que era un simple juego, pero que gracias a él conseguiría distraerle para siempre de malos vicios y enseñarle a gobernar justamente a su pueblo. Shirham y los cortesanos aduladores rompieron a reír pero el monarca aceptó que Sissa le enseñara a jugar diciéndole: “Está bien brahmán, si este simple juego es capaz de conseguir todo lo que me habéis dicho os concederé lo que me pidáis”.

La Diosa Caissa

Sissa le explicó los movimientos de las piezas, táctica, estrategia y todo lo necesario para ser un buen ajedrecista. Le explicó también que el ajedrez era un juego que representaba una batalla entre dos ejércitos iguales, que los peones eran soldados de infantería, los caballos caballeros, los alfiles sacerdotes, las torres elefantes de guerra, la dama el general y el rey el monarca. A esto Shirhan le preguntó, algo molesto: “¿Y por qué los reyes somos piezas tan débiles sobre el tablero? Casi no tenemos poder…” Sissa sonrió y dijo: “El poder del rey reside en el poder de su ejército, es decir, de su pueblo. Si un rey es bueno para sus súbditos y los trata con justicia, benevolencia y caridad estos lucharían y se sacrificarían por él. Sin embargo, si un rey los trata con indiferencia o tiranía, nadie daría la cara por él en una batalla”, y mientras decía esta palabras retiraba despacio todas las piezas del ejército negro menos al rey, que, de repente se veía solo contra todo el ejército blanco. Shirham había comprendido una valiosa lección.

Las semanas pasaron y el joven monarca volvió a las tareas de gobierno ocupando sus ratos libres en el ajedrez, que cada vez le apasionaba más. Un día le dijo al Sissa qué quería por haber cumplido su parte del trato.  Este le respondió que sólo quería un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera y así sucesivamente. El joven monarca se sorprendió por la sencillez aparente del premio y accedió gustoso, creyendo que él beneficiado por el trato era él. Cual fue su sorpresa cuando sus consejeros le respondieron que ni juntando todo el trigo de Asia se podría reunir la increíble suma de ¡18.446.744.073.709.551.615 granos de trigo! El monarca había aprendido otra lección.



6 feb 2012

¿Sabías qué...? (3)


EL AJEDREZ EN LA ESPAÑA MEDIEVAL

Por Diego Ramos Diez
Como vimos en la anterior entrega, el ajedrez llegó a Europa traído por los árabes cuya gran afición por nuestro juego los hizo los mejores sobre el tablero. Precisamente su puerta de entrada a Europa fue la Península Ibérica, dónde los primeros cristianos en practicarlo fueron los habitantes de los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra, reinos que, una vez unidos darían lugar a lo que hoy es España.
Debido a su vecindad con los árabes del sur de la Península, los cristianos del norte llegaron a ser grandes amantes de nuestro juego. En una época en que importaba en la educación el arte de la guerra, el ideal del honor, de batirse por un rey, de luchar heroicamente en el campo de batalla… el ajedrez encajó a las mil maravillas y lo practicaron todo rey, sabio, noble o caballero que se preciara.
Precisamente, el famoso rey castellano-leonés Alfonso X El Sabio escribió el primer libro de ajedrez europeo, el famoso: “Libro de acedrex e dados e tablas”.
Existen una gran cantidad de leyendas medievales sobre el ajedrez, siempre con moraleja, sobre todo relacionadas con la siempre atrevida arrogancia (o chulería) de algunos sujetos sobre el tablero, veamos una de ellas:
Cuentan en una ocasión que el poderoso rey de Castilla y León y Emperador de las Españas Alfonso VI, señor del Cid y Conquistador de Toledo, se disponía a invadir el pequeño reino árabe de Sevilla. El canciller del Reino de Sevilla, Ben-Amar, sabía que no podía oponerse militarmente al poderío del rey cristiano, pero había sido embajador en la Corte de su enemigo y sabía de Alfonso VI dos cosas: Que era muy arrogante y que le encantaba el ajedrez. Con esto, y después de pensárselo mucho, ideó un plan para detener la invasión sobre su reino y marchó al campamento del ejército castellano-leonés, dónde solicitó audiencia con el monarca.
Delante de todos los nobles y embajadores extranjeros, presentó un gran ajedrez cómo no había otro igual, de piezas de ébano y sándalo con incrustaciones de oro, plata y piedras preciosas, tan bello que todos los presentes se quedaron maravillados, incluido Alfonso VI. Entonces el monarca invitó al árabe a jugar una partida contra él delante de toda la corte, exclamando con una gran sonrisa prepotente: “Pero debéis saber que vais a jugar contra el mejor jugador de la cristiandad” a lo que el Ben Amar aceptó encantado, pero diciéndole “Si sois capaces de ganarme, majestad, os regalaré el ajedrez, pero sólo si me concedéis lo que os pida si quien gana soy yo”. Al monarca, que no tenía rival en la Corte, se le iluminaron los ojos. Por un momento dudó, pero delante de todos los nobles y embajadores no podía echarse atrás, por si acaso preguntó cuales eran las condiciones del árabe a lo que este simplemente respondió: “Las sabréis cuando ya estemos jugando, y si no queréis aceptarlas podréis declinarlas, pero abandonando la partida. Ahora bien, si tan seguro estáis de ser el mejor…”.
Al rey le enfadó este último comentario de árabe y, temiendo que le llamasen cobarde se sentó delante del tablero y las piezas se empezaron a desplazar mientras ambos jugadores creaban amenazas, cambiaban piezas en intentaban dominar el centro, atacar el enroque contrario… En mitad de la partida, Ben-Amar tuvo un par de fallos que lo dejaron en clara desventaja y Alfonso VI empezó a sonreír cómo un lobo y a pavonearse delante de la corte. Entonces, Ben-Amar le dijo: “Verdaderamente, Majestad, sois un gran jugador, os regalaré este ajedrez y si duplicaré los tributos de mi reino hacia el vuestro si me ganáis, pero si el que os gana soy yo, retiraréis vuestro ejército de nuestras fronteras y nos concederéis una tregua”. Al rey castellano-leonés le tembló la sonrisa mientras los cortesanos empezaron a murmurar a su espalda, mientras él pensaba que, por una parte era el rey  y no podía abandonar la partida, y menos aún delante del enemigo, por otra llevaba ventaja material y su rival no parecía ser tan bueno cómo él. Finalmente, volvió a sonreír y contestó: “Así sea”.
Entonces el árabe lanzó el único alfil que le quedaba contra el enroque Alfonso VI, sacrificándolo con la captura del peón de h2 de las blancas, lo cual daba jaque al rey blanco, que estaba en su enroque placidamente. Alfonso VI, después de comprobar que el alfil no estaba protegido por ninguna otra pieza de las negras, sonrió y se dispuso a tomar el alfil con su propio rey cuando se percató de que, al moverse el alfil de su casilla inicial, éste había dejado libre el ataque de la torre enemiga sobre… ¡Su dama! Al rey cristiano le desapareció la sonrisa de la cara mientras contemplaba horrorizado el tablero. Ben-Amar, entonces le tendió la mano y le dijo, con una sonrisa: “El ajedrez os lo regalo, pero os he ganado, ahora cumplid lo prometido”. El monarca, que no podía incumplir su palabra delante de toda la Corte, reprimió su ira y estrechó la mano de Ben-Amar mientras asentía resignado con la cabeza.